Del repertorio instrumental

del repertorio instrumental
Detalle de “El dueto”. Cornelis Saftleven, c.1635.

…y las cuerdas pulsadas.

Cuando la Europa renacentista de fines del siglo XV y comienzos del XVI vive despertar del repertorio instrumental solístico, rápidamente se suceden las publicaciones de colecciones con esta nueva literatura musical, la que evolucionará progresivamente hasta lograr una plena madurez en aquel límite en el que se entrecruza el barroco tardío y el rococó, junto con las nuevas y galantes maneras musicales.

Inicialmente fueron las “intabulaciones” de canciones de danza, de frottole, madrigales y villancicos, junto a las imposibles reducciones de misas y motetes [todas con la seña da sonar en vez de da cantar], las que representaban el novedoso repertorio instrumental. Pero pronto surgirán formas originales, un universo de piezas propias, idiomáticas, concebidas desde y para el mismo instrumento: ricercari y fantasías; glosas y diferencias sobre “tenores”, villancicos y romances; y también, ya en pleno barroco, toda suerte de chaconas, pasacalles, tocatas, fugas y suites, las que agrupaban una serie de estilizadas danzas de carácter.

En un comienzo los instrumentos de tecla, y por sobre todo los miembros de la familia del laúd, con los que se podía adaptar las distintas partes de la música polifónica renacentista en manos de un solo intérprete, son quienes celebran la concepción de estas novedosas formas, creaciones de un inspirado grupo de compositores que consolidaron un estilo inédito, exclusivo e individual. En el temprano cinquecento, “il divino” Francesco da Milano, junto a otros célebres tañedores, crean para el laúd de seis órdenes una serie de piezas contrapuntísticas de carácter imitativo denominadas ricercari, así como lo hiciera John Dowland en la Inglaterra isabelina con sus fantasías y danzas propias de la época de Shakespeare. El siglo de oro español nos lega un único y singular repertorio para la culta vihuela consistente en siete principales tomos, publicados entre 1536 y 1576, así como también el “Tratado de glosas” de Ortiz, el “Libro de cifra nueva” de Venegas de Henestrosa y las “Obras de música para tecla, arpa y vihuela” de Cabezón; y luego la guitarra de cinco órdenes brillará en manos de Gaspar Sanz, Francisco Guerau y Santiago de Murcia. Ya en los albores del barroco italiano, Alessandro Piccinini y Michelangelo Galilei hacen lo propio con el chitarrone y el laúd, respectivamente. Y son Ennemond Gaultier, Charles Mouton, Jacques Gallot y Robert de Visée los grandes maestros de las cuerdas pulsadas en la Francia de Luis XIII y Luis XIV. Alemania luce con Johannes Hieronymus Kapsberger y Esaias Reusner, pero el primero está más cercano a las sonoridades italianas de la tiorba y el segundo, con su laúd de once órdenes, asume las formas y ademanes del lenguaje francés. Luego, una figura totalmente representativa de la singular retórica musical de los países de habla germana tardará en surgir. Habrá que esperar a que el barroco madure, habrá que esperar a Weiss.

Sylvius Leopold Weiss [1686-1750]
Fantasia en Do menor

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José Miguel Moreno, laúd barroco
Glossa, 1992