Incontinencia fonográfica

ossia la cava de Cavieres [parte terza]

Incontinencia FONOGRÄFICACuando paso revista a los viejos e innumerables boletines comerciales que acumulo en alguna abultaba y perdida carpeta digital, pienso en la gran cantidad de discos que dejé de comprar en su debido momento y de los que ahora debo esperar una posible reedición en formato de precio medio-bajo o bajo. No suena tan mal, siempre y cuando la paciencia sea una de tus virtudes. Tengo amigos que sufren de incontinencia fonográfica y llegan a pagar sumas absurdas por la edición original del disco largamente rastreado. Y de segunda mano, muchas veces. En Santiago también puedes dar con ello. Me refiero a discos de segunda mano y a precios absurdos, con el agravante de que te los venden como si fuesen nuevos. Es fácil dar con esa disquería, si hasta le hacen mención en algunas revistas de tanto en tanto. Muchos años atrás tenían una sucursal en Providencia, en un patio demolido hace poco tiempo gracias a ese tan característico afán local de destruir antes que preservar. Ahora opera en el centro de nuestra ciudad, por calle Merced, muy cerca de Lastarria. Yo, lo reconozco, compré alguna vez allí, luego del descuento que tuve que exigir, eso sí. En esa oportunidad no fui capaz de esperar la [obvia] reedición que luego pude ver en internet y a una, no exagero, quinta parte de lo que pagué en esta disquería. Es que también, lo reconozco, sufro de incontinencia fonográfica. Bueno, sufría; ya [casi] no compro discos. Con el tiempo aprendí a disfrutar con la calma necesaria cada uno de los cientos de volúmenes acumulados, un ejercicio similar que tuve que aplicar con los libros. Con los vinos la cosa es distinta. Claro, en esta materia no podemos esperar reediciones. Si no te abasteciste adecuadamente, solo queda esperar que un generoso amigo te invite al descroche de esa celebrada añada del vino en questión. Pero volviendo a los discos, tiempo atrás recibí varias de estas tan apreciadas reediciones. Supe esperar y me vi gratamente premiado, porque pude escuchar, con particular atención y la más grande de las sorpresas, una antigua grabación rescatada por Explore Records, un pequeño sello inglés dedicado al repertorio menos frecuentado del jazz y a la mal llamadas música “clásica”. En este caso eran las seis sonatas para cello del multifacético veneciano Benedetto Marcello, que se registraron originalmente para L’Oiseau Lyre, en LP y a fines de la década del setenta, y que ahora relucen con nueva portada en una edición que tiene pocos años. Anthony Pleeth, frente a un instrumento según un modelo Stradivarius de 1732, fue acompañado por el recientemente fallecido Christopher Hogwood y Richard Webb. ¿Cuándo dejamos de escuchar las imprescindibles lecturas de aquellos pioneros del historicismo? En la simpleza de un formato que no supera los ocho minutos, y con los cuatro característicos movimientos lento-rápido-lento-rápido de la sonata del maduro barroco, Marcello pintó a través de un lenguaje que nos resulta sumamente familiar, con recursos típicos y evidentes incluso, seis cuadros sonoros sin mayores pretensiones, pero de trazos firmes, seguros. Y es en este marco, el de un estilo claro y preciso, que la recreación de las tonalidades pictóricas y musicales de esas miniaturas no pide más de lo que una mano sabia debe otorgar a tan límpidas y perfectas melodías. Una música que no requiere más que una elegante elaboración del basso continuo a modo de acompañamiento. La música en su esencia, solo eso. Así como debiese ser el carácter de todo buen vino que se precie como tal, todo vino que sepa y pueda prescindir de aquel innecesario maquillaje al que nos tienen [tan mal] acostumbrados. Mas creo estamos demasiado enceguecidos con la parafernalia actual que ya nos resulta difícil reconocer y apreciar la belleza contenida en la sencillez misma. Mucho renombre forzado, mucho marketing, mucho producto de laboratorio, demasiada ingeniería. Se dedicaron sistemáticamente a redecorar con alardes y desmesuras de todo tipo un repertorio musical que no lo necesitaba, un panorama vitícola que jamás solicitó aquellos inoportunos descriterios. De mal educar a un público propenso a la pirotécnica superflua, a los alardes maderosos y dulzones. De ahondar con insistencia en lo radicalmente opuesto a una interpretación filológica, lo contrario de los sonidos, aromas y sabores puros. Yo, desde hace un buen tiempo, me alejé de esas delirantes lecturas, de esas sobre maquilladas botellas, y me refugio ahora en la calidez que me ofrece un simple y elocuente cello barroco bien tañido, en la sencillez de una honesta copa de vino. Con cuerdas de tripa, por un lado; con tipicidad y sentido de origen, por otro.

Benedetto Marcello [1686-1739]
Sonata N°3 en La menor

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Anthony Pleeth, cello
Christoher Hogwood, clave
Richard Webb, cello