MELANCOLÍAS francesas

melancolías francesas

ossia la cava de cavieres [parte prima]

El otoño se hace sentir con paso firme; es momento de ir cambiando las etiquetas a descorchar. Los vinos blancos, aclaro, nos los dejo nunca, mas los sauvignon y chardonnay sin [o con poca] “malo” van cediendo frente a los moscateles del Itata: bocas igual de tensas y frescas, pero con más agarre, más profundidad. Dos etiquetas: De Martino Viejas Tinajas Muscat 2012 y Rogue Vine Grand Itata 2013, imprescindibles. Por otro lado, las lecturas se tornan más sosegadas. Escojo tomos de largo aliento al mismo tiempo que me envuelvo con audiciones dedicadas a los grandes autores franceses. Nada más adecuado para el otoño que las sonoridades graves, cálidas, melancólicas. Las piezas para angélique por José Miguel Moreno en esa inhallable edición original de Glossa es lo primero. Por suerte el sello español la reeditó en su serie Cabinet, como también lo hizo con las piezas de Robert de Visée y las de Sylvius Leopold Weiss. Los Conciertos Reales de François Couperin también se me hacen obligatorios, pero la versión de Savall. No por él, sino por los músicos invitados: Alfredo Bernardini, Manfredo Kraemer, Bruno Cocset, Marc Hantaï. Y si estoy con Couperin “el grande”, paso inmediatamente a sus pièces de violes. La lectura de Philippe Pierlot [Mirare], absoluta, ¡qué fraseo! El gran violista da gamba del siglo XVII, Marin Marais, llamado “el ángel”, también acompaña de maravilla, tanto las tardes otoñales como las copas de moscatel. ¿Existe un registro más bello que el de Sophie Watillon dedicado a Marais? No creo. Las mejores Folies d’Spagne en disco, sin lugar a dudas. Momento de rellenar mi copa… ¿Qué fue de Pascal Monteilhet? Era de los pocos laudistas que sin otro apoyo instrumental sostenía sobradamente el continuo de un movimiento de sonata con un ingenio y gracia pocas veces visto. No desarrollaba los cifrados, ¡componía sobre la marcha! Esas sonatas para cello de Vivaldi no conocieron mejores cuerdas pulsadas que las del gran tiorbista francés. Monteilhet dejó un espléndido trabajo sobre Robert de Visée para su última casa editora, piezas del Maître du Roy. En esa ocasión se trató de transcripciones de algunas suites: para violín, traverso y viola da gamba, siempre acompañadas por la tiorba. Otoño es un buen momento también para pasar revista a todos los registros donde participan Les Basses Réunies, singular conjunto de espléndidos continuistas encabezados por el chelista Bruno Cocset, quienes de tanto acompañar a otros artistas, terminaron grabando cuanto repertorio existe para instrumentos graves. Pascal fue parte fundamental del equipo. Su elegancia y delicado gusto musical resalta en cada disco. Ahora Cocset recurre, con errores graves de por medio, a algún reemplazante pasajero. ¿No había otro laudista con espacio en su agenda más que Luca Pianca al momento de abordar el Op. 5 de Geminiani? Inexplicable, como también lo es el que no encuentre mi disco con las sonatas para violoncello de Jean Barrière. Si siempre lo tengo a mano. Mientras busco y rebusco entre mis libros, entre mis discos, me sirvo otra copa de Grand Itata. De fondo se dejan escuchar otras sonatas, también seis, pour violoncelle avec la basse continue, de Antoine Dard. Y resuenan otras melancolías, las de la viola de gamba, condenada a desaparecer frente a los embates del cello.

Antoine Dard [1715-1784]
Andante de la Sonata II en Sol Mayor

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Kristin von der Goltz, cello
Hille Perl, bajo de viola
Christine Schornsheim, clave