Ópera: Vivaldi EDITION

el gran compositor de óperas

Mientras reviso desordenadamente algunos de los títulos que el prete rosso compusiera principalmente para la escena veneciana y selecciono una que otra aria para traspasarla a mi iPod (nada mejor que caminar por la ciudad con música de Vivaldi como telón de fondo), no es otra la sensación que me queda luego de repasar mi compilación final que la de una gratísima impresión y un buen gusto que seguro no se desvanecerá tan a la ligera. Si bien uno puede acercarse parcialmente a este repertorio a través de los numerosos recitales de arias en disco que están disponibles en el mercado especializado, sin duda alguna la mejor opción es prestar la debida atención a la sorprendente iniciativa del Istituto per i Beni Musicali in Piemonte, fundado por el prestigioso musicólogo Alberto Basso, cuyo proyecto, entre otros, es la edición discográfica con los correspondientes criterios historicistas de las casi 450 composiciones repartidas en los 27 tomos de páginas manuscritas que tan celosamente custodiara la Biblioteca Nacional Universitaria de Torino, colección correspondiente a la biblioteca privada de partituras que Vivaldi tenía en su poder en 1741, año de su muerte, y adquiridas por la institución italiana en 1930, donde actualmente se conservan. El sello francés Naïve, en el marco de la Vivaldi Edition, es el encargado de presentarnos, desde el año 2000 y en un trabajo en curso, la totalidad de la colección en algo así como 120 discos y entre los que deberían figurar unos trescientos conciertos para uno o más instrumentos solistas, cuerdas y continuo, sesenta creaciones de música sacra, quince salmos, una docena de motetes, tres serenatas de largo aliento, una treintena de cantatas y cerca de una veintena de obras teatrales de un total de 49 libretos de ópera que con certeza se sabe que Vivaldi musicalizara desde 1713 a 1738, hecho que lo convierte, a lado de Alessandro Scarlatti, como el compositor más fecundo de su época. (En una carta dirigida al Marqués Guido Bentivoglio, su protector ferrarés, Vivaldi asegura haber escrito… ¡94 óperas!). Ya disponemos de La verità in cimento, Tito Manlio, Griselda, Orlando furioso y Orlando finto pazzo, títulos que en ciertos casos no habían sido escuchados desde el mismo siglo XVIII. Algunos están muy bien registrados (los menos, hay que reconocerlo) y otros pecan más de un excesivo entusiasmo que de una acertada lectura y dan paso a un mero espectáculo circense/editorial, perfecto escenario para un superficial festival de pirotecnia instrumental y vocal, incluso para la deleznable práctica de la mutilación musical; hay voces buenas -algunas muy buenas- y muchas otras tantas para el olvido; batutas atentas y teatrales, otras, curiosamente las más publicitadas, muy poco serias y preparadas. Creo que lo más logrado es La Fida Ninfa (lo mejor de Jean- Christophe Spinosi, por lejos, aunque es más el mérito del fabuloso elenco de cantantes que del “director” mismo), L’Olimpiade (Rinaldo Alessandrini) y Atenaide (Federico Maria Sardelli). Farnace pudo haber sido seguramente uno de los puntos altos de esta serie, pero se optó (al menos esa es la versión que se incluyó como “extra” en la caja que recopila los seis primeros títulos de ópera editados por la casa francesa) por la reedición del insufrible registro en vivo que se hiciera de la lectura de Jordi Savall en el Teatro de la Zarzuela de Madrid (Alia Vox, 2001) y nos perdimos la oportunidad de disfrutar, según se leyó alguna vez en los medios especializados, del criterioso trabajo de Alessandro de Marchi. Luego sucedieron Armida al campo d’Egitto (R. Alessandrini), Ottone in Villa (G. Antonini), Teuzzone (J. Savall), Orlando (F. M. Sardelli) y, la última editada, Catone in Utica (A. Curtis); títulos todos que, apegados al estilo de la época, se caracterizan por sus laberínticos libretos con algunas páginas más logradas que otras, ligeras y breves sinfonías de tripartita estructura como un concierto barroco, así también como por ser inagotables fuentes de arias de una belleza sobrecogedora, por donde desfilan pasajes vocales con endemoniadas coloraturas y frases cantabiles de una conmovedora introspección: es el personal e inconfundible lenguaje musical del virtuoso violinista veneciano, quien, junto a Handel y Lully –por supuesto–, y con mucha diferencia, se planta como uno de los más grandes creadores de óperas de todos los tiempos.

Antonio Vivaldi
Orlando Furioso
Atto primo, Scena XI
Ruggiero [Aria] – Sol da te, mio dolce amore

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orlando furioso
Antonio Vivaldi (1678-1741)
Orlando furioso
Ensemble Matheus
Jean-Christophe Spinosi, director
Naïve, 2004